Peter Drucker es consultor especializado en alta dirección
y política empresarial. Profesor de management
en Claremont Graduate School, publicó La gerencia
de empresas, La innovación y el empresario innovador,
y Las nuevas realidades, entre otros.
Edgar H. Schein es un especialista norteamericano en
cambio organizacional. Es asesor de empresas y profesor
en la Sloan School of Management del MIT. Entre sus
obras se cuenta La cultura organizacional y el liderazgo.
El cambio cultural es para algunos un objetivo alcanzable;
para otros, una tarea sin sentido. La necesidad de obtener
mayores resultados suele llevar a muchos directivos
a realizar una rápida exploración de la
cultura de su organización. Unos descubren que
ella representa el apoyo más prometedor a sus
estrategias; otros comprueban que aparece como la peor
de las barreras. ¿Qué hacer? Los especialistas
aún no se han puesto de acuerdo sobre la posibilidad
de modificar a voluntad la cultura de una compañía.
Edgar H. Schein cree que la transformación no
sólo es posible sino necesaria. Peter Drucker,
en tanto, estima que la cultura permanece a pesar de
los mejores esfuerzos de los ejecutivos por producir
una metamorfosis.
¿Qué se
entiende por cultura empresaria y cuál es su
característica principal?
Schein:
A mi juicio, el término cultura hace referencia
a un modelo de presunciones básicas inventadas,
descubiertas o desarrolladas por un grupo dado al ir
aprendiendo a enfrentarse con sus problemas de adaptación
externa e integración interna. Estas presunciones
deben ejercer la suficiente influencia como para ser
consideradas válidas y, en consecuencia, ser
enseñadas a los nuevos miembros de la empresa
como el modo correcto de percibir, pensar y sentir esos
problemas.
Drucker:
Creo que no importa cómo se defina la cultura.
Lo fundamental es entender que la cultura es persistente.
Hace cincuenta años, Japón y Alemania
sufrieron las peores derrotas en sus respectivas historias,
donde fueron desacreditados sus valores, sus instituciones
y sus culturas. Pero el Japón de hoy y la Alemania
de hoy son inequívocamente japonés y alemana
en cuanto a su cultura, sin importar cuán diferentes
sean este o aquel comportamiento. De hecho, el cambio
de comportamiento funciona sólo si está
basado en la cultura existente. Japón es el mejor
ejemplo. Sus modernas corporaciones y universidades
son enteramente "occidentales" en sus formas,
pero se las utilizó como contenedores para colocar
la cultura tradicional y totalmente no occidental de
las obligaciones y lealtades mutuas que conforma una
sociedad de clanes.
¿Pueden los líderes
empresarios cambiar la cultura de sus empresas?
Schein: Por supuesto.
Quizá lo único realmente importante que
hacen los líderes es crear y conducir la cultura
de sus compañías y su único talento
lo constituya su habilidad para trabajar con la cultura.
Sin embargo, las posibilidades de cambiarla varían
según el estadio de crecimiento en que se halla
cada organización. En la etapa formativa de una
empresa, la cultura tiende a ser una fuerza positiva
de crecimiento que requiere ser elaborada, desarrollada
y articulada. En la adolescencia, el decidir qué
elementos requieren ser modificados o preservados constituye
uno de los mayores problemas de los directivos. En la
fase de madurez y declive, la cultura se suele volver
disfuncional y debe sufrir transformaciones en algunas
áreas, lo que crea problemas más drásticos
a los ejecutivos.
Drucker:
No creo que los líderes puedan cambiar la cultura;
sólo pueden cambiar algunos hábitos profundamente
arraigados en sus organizaciones. Por ejemplo, las compañías
telefónicas y de energía eléctrica
siempre tuvieron sus ganancias garantizadas gracias
a las reglamentaciones públicas. Ahora todas
se encuentran enfrentadas a una competencia despiadada.
Los clientes exigen entregas a tiempo; los consumidores
son cada vez más quisquillosos con respecto a
la calidad y el servicio. Lo que requieren estas necesidades
son cambios en el comportamiento, pero el tratar de
transformar la cultura no va a producirlos. Consideremos
lo que pasó con los reformadores de la India
y de China, que sintieron que tenían que cambiar
la cultura de sus países. Los únicos resultados
que obtuvieron han sido frustración, fricciones,
confusión... y ningún cambio en el comportamiento.
¿Qué proceso
recomienda seguir a los directivos para cambiar ya sea
la cultura o los hábitos de la organización?
Schein: Hay
en total once mecanismos que pueden desbloquear una
cultura dada. Para emplearlos hay que considerar la
etapa del desarrollo de la compañía. En
el nacimiento y los primeros años, el cambio
se logra por cuatro formas: evolución natural,
evolución autodirigida a través de una
terapia empresarial, evolución controlada a través
de procesos mixtos y revolución controlada a
través de terceros. En la adolescencia de la
empresa, se puede conseguir la transformación
cultural empleando otros cuatro mecanismos: el cambio
planificado, la seducción tecnológica,
el cambio a través del escándalo o la
explosión de mitos y el acrecentamiento, es decir,
mediante el enfoque de cada decisión hacia una
nueva serie de presunciones. En la madurez conviene
recurrir a tres procedimientos: la persuasión
coercitiva, la renovación y,
finalmente, la reorganización y el renacimiento.
Drucker:
Lo primero que hay que hacer para cambiar los hábitos
es definir qué resultados son necesarios. Por
ejemplo, en la sala de emergencias de un hospital, todos
los pacientes deben ser vistos dentro del minuto en
el que llegan por una persona competente. El siguiente
paso y el más importante es preguntarse ¿en
dónde ya estamos haciendo esto dentro de nuestro
propio sistema? Se verá que los resultados deseados
no se obtendrán haciendo algo diferente, sino
haciendo sistemáticamente algo que todos saben
que tiene que hacerse, algo que siempre ha sido pregonado,
pero que sólo en pocas ocasiones se lo ha puesto
en práctica.
El próximo paso es que la alta gerencia se asegure
la práctica del comportamiento eficaz que deriva
de la propia cultura de la organización. Esto
significa que debe preguntar periódica y sistemáticamente
¿qué es lo que nosotros en nuestra
función, y toda la compañía en
general, hacemos para ayudarles a ustedes a producir
los resultados que consideramos necesarios?
Y también: ¿qué es lo que
hacemos que les impide concentrarse en obtener esos
resultados?.
¿Qué consejo
daría a los directivos que se enfrentan ante
el problema del cambio cultural?
Schein: Para el directivo la lección
es entender las propiedades de la cultura. Si bien puede
controlarla, no debe presumir que puede manipularla
al igual que otros asuntos que están bajo su
control. La cultura maneja al ejecutivo más de
lo que él maneja a la cultura.
Drucker: Mi consejo es sencillo: si
tiene que cambiar, no cambie la cultura; cambie simplemente
los hábitos.
Las opiniones de los autores fueron tomadas de los libros
Administración y Futuro, de Peter Drucker, y
de La cultura organizacional y el liderazgo, de Edgar
H. Schein y adaptado por la SLC.
Fuente: http://www.calidad.org