Las personas que manejan los fondos mutuales - al igual
que los brokers, planificadores financieros, y otros
agentes contratados para manejar el dinero de otros
- tienen sus necesidades, esperanzas y sueños
propios. La mayoría hacen un buen trabajo, pero
muchos no, por una simple razón: sus intereses
y los de sus clientes no coinciden.
Los economistas lo llaman el "problema de la agencia",
que ha sido estudiado desde los años 1700, cuando
Adam Smith, en The Wealth of Nations, hablaba de los
intereses en conflicto entre terratenientes y agricultores.
Sin embargo, en la era moderna, su estudio se ha enfocado
en la relación entre accionistas y CEOs. La solución
en ese caso parecía sencilla: que los CEOs participaran
de las ganancias de los accionistas (a través
de opciones, por ejemplo); pero todos sabemos el resultado
- algunos CEOs participaron tanto de las ganancias,
que dejaron sin nada a los accionistas.
El truco está en lograr un punto en el cual
agente gane lo suficiente como para que esté
incentivado a trabajar a favor de los intereses del
cliente, sin que se quede con demasiado del dinero de
éste. Esto es especialmente difícil en
el campo de la administración de dinero, donde
cada centavo que cobra el agente hace disminuir la fortuna,
desmejorando el resultado.
El problema del agente le cuesta a los inversionistas
de Wall Street unos US$ 500 billones al año,
un 2,3% del total transado. Una buena parte de esto
puede considerarse como costo de capitalismo. El resto
obedece a una industria mal formada desde sus inicios.
El costo asociado al problema del agente probablemente
no desaparezca. Sin embargo la mejor solución
pareciera ser contratar a los agentes cuidadosamente
y pagarles una tarifa fija, en lugar de montos variables
por volumen o ganancias.
Ver artículo completo en inglés en:
http://www.fortune.com/fortune/investing/articles/0,15114,556022,00.html