Resumen.-
La Competencia
es el principal factor motriz de Conflicto para las
organizaciones de negocios. Es también el fenómeno
fundamental de sostén del sistema de Libre Mercado.
El STRATEGOS es el profesional llamado a interactuar
con el Conflicto. La Estrategia es su instrumento natural
de trabajo.
La búsqueda del
STRATEGOS o el hombre que debe definirse como el Profesional
de la Estrategia en la dinámica de los negocios
contemporáneos, responde a una necesidad vital
que pocas veces se reconoce con la humildad necesaria:
el entendimiento y la posibilidad de actuar con ventaja
sobre la Competencia.
Hasta el presente, la mayor
parte de las organizaciones de negocios no han cambiado
de forma trascendental el enfoque que imprimen a su
propio gobierno. A pesar de la manifestación
reiterada de preocupaciones y de buenos intentos, éstas
organizaciones sostienen, en general, un sistema de
gobierno que privilegia el tratamiento de variables
y factores que se encuentran al interior de sus estructuras.
Aún están formalmente incapacitadas para
dar un giro definitivo en la gestión de sus intereses.
Todavía no comprenden la necesidad vital y absoluta
de administrarse en función de los condicionamientos
externos. En muchas organizaciones estos condicionamientos
son objeto de una valoración marginal, dependiente
del carácter y de la necesidad de algún
factor interno. El único hecho que permite el
sostenimiento de estos negocios en el Mercado es un
estado, en general mediocre, del propio conjunto.
Esto sin embargo está cambiando rápidamente.
Es probable que estos cambios no respondan a otra cosa
que a la misma inercia de los fenómenos externos,
pero en todo caso se están produciendo sin perspectiva
alguna de que algo pueda detenerlos.
Las organizaciones de negocios
están obligadas a trabajar en función
de los condicionamientos externos por una razón
por demás sencilla pero imponente: el mayor fenómeno
que condiciona su existencia se encuentra al exterior
de sus propias estructuras: la Competencia.
La Competencia es hoy un
fenómeno organizacional de proporciones incomparables
a cualquier otro en el que se hallen involucrados los
negocios. Ningún otro factor atenta contra los
intereses del Negocio de la forma en que lo hace la
Competencia. Sólo la Competencia es una variable
del entorno organizacional que tiene el propósito
específico de generar “daño”,
ninguna más tiene ésta intencionalidad
concreta. Ninguna otra variable se sustenta en intenciones
ordenadas para afectar los intereses del Negocio cómo
lo hace un competidor.
El competidor tiene éxito en tanto sus propios
intereses hayan prevalecido sobre los del oponente.
En ello invertirá todos los recursos que disponga,
todo el esfuerzo y el tiempo necesario. Lo hará,
además, de manera sistemática: una y otra
vez, hasta conseguir el objetivo o fracasar en el intento.
El fenómeno competitivo no presenta opciones.
Es un camino de una sola vía, aquella que conduce
desde los intereses de un competidor a los intereses
de otro.
El fenómeno competitivo nunca presenta pausa.
No se detiene jamás. La dinámica que tiene
se nutre del movimiento agresivo y del caos que éste
produce entre los intereses opuestos.
El fenómeno competitivo nunca presenta un rostro
gentil. No puede hacerlo. No está en su naturaleza.
Su esencia provoca la existencia de problemas y de situaciones
no deseadas, y ninguna de ellas tiene carácter
relativo, ni en sus formas ni en sus efectos.
Reducir el número, el tamaño y el poder
que tenga la Competencia es una premisa vital del Negocio.
A partir de ella se maximizan los resultados y se alcanzan
mejores niveles de bienestar organizacional. Nada tiene
mejor efecto en los intereses del Negocio que reducir
al competidor. Por ello mismo, el Negocio no hará
nada con tanta diligencia.
El competidor es un Enemigo, si cabe respetar el significado
preciso de éste termino: “contrario, opuesto
a una cosa. Aquel que tiene mala voluntad a otro y le
desea o hace mal”.
Ninguna Organización
de negocios puede tener una idea diferente de la Competencia,
y tampoco puede actuar de una manera que no sea consecuente
con esta realidad. En ello no sólo se mimetizan
los mayores riesgos, en ello se juega la existencia
organizacional.
Cuando se evalúan
con honestidad y criterio suficiente los móviles
que generan la reducción o la desaparición
de los Negocios, todo ellos conducen, de una u otra
manera a la Competencia.
Si las organizaciones tienen defectos de gestión,
los resultados negativos se exacerban desde la Competencia.
Si las organizaciones adolecen de previsión,
ésta es reemplazada en el Mercado por un competidor.
Incluso cuando la Organización efectúa
bien las cosas pero lo hace en grado menor que el competidor,
los resultados pueden ser los mismos.
Los juicios inapelables del Mercado están enfáticamente
condicionados por los actos de la Competencia.
La Competencia es un fenómeno que pone a prueba
toda la capacidad de resistencia, soporte, temple y
capacidad que una Organización tenga.
Sin embargo, y muy a pesar
que esto sea así de evidente, son pocos los negocios
que han aprendido a actuar en consecuencia.
El fenómeno competitivo cobra cada vez mas “víctimas”
y así mismo cobra mayor vigor. Se fortalece y
se vuelve cada vez mas inmune. Los métodos de
tratarlo con éxito se reducen, su propia comprensión
se complica a cada momento.
Los efectos del fenómeno
competitivo son notables entre las organizaciones de
negocios en occidente. Las estadísticas en casi
la totalidad de las economías del mundo occidental
coinciden en señalar que el riguroso veredicto
de los mercados desplaza, año tras año,
muchas mas organizaciones de negocios que aquellas que
se mantienen en la dinámica. Es significativamente
mayor el número de negocios que salen e ingresan
a los mercados que aquellos que permanecen en él
durante periodos de tiempo mas largos. Sin embargo éste
mismo periodo de tiempo que la Organización de
negocios promedio permanece con cierta “salud”
en el mercado, se está reduciendo.
Son cada vez mas frecuentes las fusiones, las compras
de negocios enteros por parte de otros, las “alianzas
estratégicas”, las declaraciones de bancarrota,
las “reducciones” , etc.
El conjunto de las organizaciones que tienen mayor éxito,
al menos durante un periodo de tiempo mas largo, se
está reduciendo en proporción al tamaño
que progresivamente adquieren las economías y
los mercados del mundo occidental. Y el propio éxito
de éste conjunto pequeño de organizaciones
de negocios puede ser en esencia muy transitorio, porque
en la mayoría de los casos no se fundamenta en
la capacidad propia tanto como en la relativa incapacidad
del resto.
Hoy día son pocos los casos representativos de
éxito sostenido en el mercado, al menos son mucho
menores que aquellos que pudieron exponer organizaciones
trascendentes de inicios del siglo XX, aquellas que
no sólo condicionaron la dinámica de los
negocios en su tiempo, mas bien aquellas que condicionaron
su propio tiempo a través del negocio que gestionaron.
Muchas de ésas organizaciones de negocios se
convirtieron en símbolos de progreso económico
y social que explicaban el carácter de una era
y no tan sólo de una circunstancia.
Hoy las organizaciones de negocios suman millones y
millones de casos que transitan el anonimato, que nacen
y mueren con la misma rapidez y que tan sólo
explican el carácter de ésta nueva era
por su efecto agregado, por su naturaleza de conjunto.
A efectos de la dinámica
de los negocios nada resulta mas apropiado que la existencia
del Mercado Libre. Sin la existencia de éste
los negocios pierden su medio ambiente de sustento natural,
del mismo modo que lo haría un pez fuera del
agua. Solamente la dinámica del Mercado puede
calificar un Negocio. Fuera de éste contexto
el concepto de Negocio se convierte en una propiedad
del Poder establecido “por decreto”, y con
ello carece ya de cualquier tipo de dinámica.
Sin embargo la propia fortaleza de los mercados es un
producto de la fortaleza de los negocios que con su
actividad cotidiana lo explican, y en éste sentido
el sistema entero de Mercado Libre precisa contar con
negocios que sean algo mas que transitorios o resultado
de éxitos fugaces.
Si bien el Mercado finalmente
califica el desenvolvimiento de los negocios, el fenómeno
que establece las pruebas, las exigencias, los obstáculos
a vencerse, las dificultades y todos los trascendidos,
es la Competencia.
El Mercado Libre permite y fomenta la existencia de
Competencia entre todos los actores que en él
se hallan involucrados. La Competencia es un factor
de sustento y de seguridad para el propio estado de
bienestar del Libre Mercado. Entre mayor sea ella, mayores
son los fundamentos sobre los que se apoya la estructura
conceptual del Mercado Libre.
Y como fenómeno, el Mercado Libre ha cumplido
bien con su tarea en el mundo occidental, porque ha
llevado el grado de Competencia entre los agentes implicados
hasta un grado nunca antes visto. Uno que además
se torna desconocido a una velocidad impresionante,
se transforma cada segundo.
El sistema de Libre Mercado entiende los efectos que
la Competencia entre los actores le genera a su propio
estado; lo puede medir y evaluar con precisión
y con tranquilidad. Por ello el sistema evoluciona como
pensamiento ordenador de las dinámicas económicas
y sociales de forma permanente, no se detiene, va mas
allá de las consideraciones filosóficas
que circunstancialmente lo ponen a prueba (lo que además
resulta absolutamente necesario y beneficioso).
El problema para los negocios
no radica en el estado final que alcance la explicación
misma del sistema de Libre Mercado, el problema radica
en la comprensión y en la capacidad de interactuar
con el fenómeno de la Competencia, que tan íntimamente
viene vinculada con aquél.
Los negocios comprenden el Mercado Libre mucho mejor
que el fenómeno de la Competencia que le da forma
y sentido. Y comprenden mucho mejor la propia Competencia,
que la forma de actuar con ventaja ante ella.
Como Sistema, el Libre
Mercado aventaja en mucho al desarrollo de mecánicas
competitivas en los negocios, porque entre otras cosas,
el Sistema se nutre favorablemente de cada pequeño
paso que los negocios dan para entender y aplicar mejores
mecánicas competitivas, y en el proceso plantea
nuevas y mas complicadas exigencias, en un circuito
que puede no tener fin para los negocios.
Los negocios precisan entender
profundamente el fenómeno que la Competencia
implica y actuar ante ella con ventaja, pero deben conseguir
ambas cosas en el ritmo que exige el sistema de Libre
Mercado, para conseguir, al menos, un equilibrio básico
entre sus propios actos y los efectos que ellos mismos
tendrán como respuesta del Sistema. Si ello no
se consigue, los negocios se encontrarán siempre
en desventaja frente al grado de evolución del
Sistema que los califica y con ello sujetos a una perpetua
y costosa mecánica Reactiva.
Los negocios deben tratar de “dominar” la
Competencia y el Sistema de Libre Mercado, antes que
en efecto ellos terminen por dominarlos. Y esto sólo
se consigue en el afán de ser Activos y no Reactivos
ante ellos.
La mayoría de los
negocios no han conseguido situarse en éste estado
y los pocos que prevalecen (o que al menos no sucumben
con mucha rapidez), lo consiguen como efecto del mejor
gobierno posible de la Inercia: ésa capacidad
de “manejar con habilidad las cosas” a medida
que se van presentando; ésa capacidad de “reaccionar”
bien, o al menos mejor que otros ante los planteamientos
del Sistema.
El motivo por el que las
cosas se encuentran de ésta forma es uno que
está revestido de una conmovedora sutileza:
El Libre Mercado es un Sistema, la Competencia es un
Fenómeno amparado por el primero. En cambio los
Negocios no son ni lo uno ni lo otro, al menos en términos
comparativos con los primeros.
El Libre Mercado y la Competencia no responden al dominio
de ningún hombre o grupo de hombres en particular,
en esto se explican como fenómenos. En cambio
los negocios son organizaciones de hombres.
El Libre Mercado y la Competencia son atemporales, los
negocios no.
El Libre Mercado y la Competencia no se desenvuelven
entre límites físicos de “espacio”,
los negocios sí.
Los negocios son, en resumen, una cuestión de
personas, el Libre Mercado y la Competencia no.
Cuando una situación
así se presenta las personas no pueden, por un
lado, condicionar el Sistema, deben adaptarse a él;
y por otra parte no pueden responder al Sistema pretendiendo
a su vez “construir” un Sistema. Es absolutamente
indispensable que “personalicen” las respuestas.
Este es un juego de individuos ante Sistemas.
El hecho que muchos negocios
no alcancen éxito sostenido en el tiempo se debe
a uno de estos dos hechos:
a) No se adaptan lo suficientemente
bien al Sistema.
b) Pretenden “construir” sistemas de respuesta
ante el propio Sistema.
El primer caso es, en teoría,
mas sencillo de resolver, porque en los hechos se trata
de una cuestión de Conocimiento.
El segundo caso es mucho mas complejo y mucho mas nocivo
en sus efectos finales.
Poco queda por decir sobre
la necesidad que las organizaciones de negocios conozcan
profundamente el sistema para poder adaptarse a él.
Sin embargo el afán de “construir sistemas
para responder al Sistema” merece mas atención
porque involucra a muchos actores, entre ellos esencialmente
a los hombres de negocios y a los pensadores del mundo
de los negocios.
Durante muchos años ambos se han enfrascado en
la tarea de “construir” sistemas de respuesta
bajo la forma de Conceptos, Premisas e Hipótesis
que permitan a las organizaciones actuar con ventaja
sobre la Competencia y de ésta manera alcanzar
un veredicto favorable del sistema de Libre Mercado.
Estos conceptos, premisas e hipótesis se han
convertido en un Sistema con derecho propio. En un Sistema
de Pensamiento que condiciona la Acción, uno
que en muchas oportunidades alcanza, además,
carácter imperativo.
Este Sistema de Pensamiento pretende alcanzar dominio
sobre el otro, hasta el punto que viola, incluso, la
demanda de tener que adaptarse a él.
El problema es que los
Sistemas de Pensamiento, en tanto que deben entenderse
como conclusiones positivas de personas que precisamente
“piensan” como enfrentar los fenómenos,
nunca alcanzan el ritmo y la dinámica que tienen
la Competencia y el Libre Mercado. Mientras un Sistema
de Pensamiento se estructura, los Fenómenos ya
han evolucionado mas allá de los márgenes
contemplados por aquél y los negocios terminan
por adoptar sistemas de pensamiento y de acción
que rara vez pueden “contemporizar” y ajustarse
a las demandas que exigen los Fenómenos.
Estos Sistemas de Pensamiento
están dotados, por supuesto, de mucha técnica,
mas allá que emerjan como producto de conceptos.
Si no fuesen planteamientos técnicos poco tendrían
de práctico para enfrentar efectivamente la fenomenología
competitiva y de Libre Mercado.
Es realmente increíble observar como la ciencia
de Administración de Negocios se encuentra plagada
de técnicas para resolver problemas vinculados
a los Fenómenos. El planteamiento de éstas
técnicas excede todo cálculo, no tiene
límite alguno, es un torbellino de propuestas
que adopta, incluso, la forma de los bienes que se ponen
“de moda”: las matrices insumo-producto,
las curvas de experiencia, los círculos de calidad,
los sistemas de administración de calidad total,
la reingeniería, el “downsizing”,
la Planificación Estratégica, prácticamente
todo el instrumental de Mercadeo, etc, etc, etc.
Y no es que las técnicas
sean en esencia malas como componente central de estos
Sistemas de Pensamiento. El problema es que llegan solas,
dramáticamente independientes, ajenas al Individuo
que las debe entender y poner en práctica. Con
seguridad existen muchas mas técnicas que personas
capaces de entenderlas y darles un uso efectivo.
Esto es lo mismo que imaginar un conjunto de hermosas
herramientas de carpintería que se encuentran
al acceso de todos, sin que entre ellos existan precisamente
muchos carpinteros, o los profesionales que le darán
el mejor uso.
El énfasis en el planteamiento de “construir
sistemas” que respondan al sistema está
consiguiendo precisamente eso: crear muchas herramientas
de carpintería y pocos carpinteros.
Esta no es la forma razonable
de entender y encarar un Sistema, mucho menos uno como
la Competencia o el Libre Mercado.
Estos sistemas deben comprenderse y enfrentarse a partir
de Individuos: personas que interactúen con ellos
de manera profesional, con absoluto conocimiento, solvencia
y carácter, porque entre otras cosas la naturaleza
de estos fenómenos exige mucho mas que saber,
exige temple y valor.
La idea es formar profesionales en el entendimiento
y en la interacción con el fenómeno competitivo
y de Libre Mercado, no únicamente construir Sistemas
de Pensamiento que sustenten técnicas en la mayor
orfandad.
Dado que las organizaciones
están formadas por individuos, éstos son
los que en última instancia deberán adaptarse
a los sistemas y actuar con ventaja en ellos. Y si de
formar sistemas se tratara, entonces deben formarse
Sistemas de Profesionales que puedan entender y actuar
positivamente sobre los Fenómenos. Sólo
entonces se justifica el desarrollo enfático
del Pensamiento y de las técnicas.
Ahora bien, si quienes
actualmente defienden el desarrollo independiente del
Sistema de Pensamiento y de las técnicas, entienden
que los Profesionales en el fenómeno competitivo
y en el sistema de Libre Mercado ya existen en las organizaciones
de negocios, corresponde corregir éste precepto
enfáticamente.
Desde hace más de veinte años atrás
está reconocido el hecho que la Administración
como ciencia de gobierno de las organizaciones de negocios
tiene esencialmente una lógica de entendimiento
y de trabajo hacia el interior de la Organización.
Un enfoque “hacia adentro”.
La Administración ha desarrollado notablemente
su acción sobre todas las variables que explican
la dinámica interna de las organizaciones, y
así ha formado a los profesionales llamados a
dirigirlas.
Son recientes los esfuerzos para cambiar o complementar
el enfoque (no tienen mas de veinte años en su
concepción estructurada). Y en muchos casos estos
esfuerzos “parten” de las construcciones
conceptuales de la Administración y desde allí
tratan de optimizarse, dejando con ello muchas fundaciones
débiles.
No pasan mas de cuatro o cinco generaciones de profesionales
en Administración que de una u otra forma han
iniciado la “exploración” entre los
conocimientos de las variables que externamente condicionan
el desenvolvimiento de la Organización. Este
lapso de tiempo es muy corto y el escaso trabajo empeñado
en él no justifica la afirmación que hoy
se cuenten con Profesionales profundamente entendidos
en la materia.
Algo similar puede afirmarse con respecto al conocimiento
específico de lo que es la Competencia como elemento
generador del Conflicto para la Organización.
Su tratamiento ha sido, en el mejor de los casos, apenas
superficial.
Por último, la propia asignación de funciones
y de responsabilidades en las estructuras organizacionales,
aún le quita mérito e importancia al tratamiento
particular de variables medioambientales como la Competencia.
Son pocas las organizaciones de negocios que asignan
éste tratamiento privilegiando su sensible valor.
Generalmente lo hacen entre otro conjunto de funciones
y de responsabilidades o asignan la tarea a equipos
que llevan adelante procesos de planificación.
A manera de instrumentalizar
el estudio y entendimiento de la Competencia y otras
variables del entorno, desde fines de los años
70 (no antes), tanto hombres de negocios como estudiosos
de la temática, recurren a conceptos como el
de Estrategia. Entienden que a partir de él enfocan
la atención de la Organización hacia su
entorno.
Sin embargo el propio concepto
de Estrategia es incluido entre los Sistemas de Pensamiento
que se nutren de las raíces poco sólidas
de la Administración tradicional para enfocarse
“hacia fuera”. Y lo hacen hasta tal punto
que hoy NO EXISTE un consenso en el mundo de los negocios
sobre la interpretación precisa que se debe tener
de Estrategia. Las formas de entenderla son innumerables
y tan sólo comparten ése imperioso afán
de tratar de comprender y actuar con ventaja sobre los
Fenómenos externos que condicionan el desenvolvimiento
de la Organización.
Si existe algún
fundamento para remitirse a los “expertos”
en Estrategia, éste conduce, generalmente, a
individuos con conocimiento de complejos sistemas y
procesos de planificación. Allí ha concluido
fundamentalmente el aporte de la Estrategia, dado el
origen y el móvil que tiene su utilización
actual.
No existen pues ni los
conocimientos necesarios ni los Profesionales apropiados
para el entendimiento y la acción en fenómenos
como la Competencia y otros similares que emergen del
desarrollo del sistema de Libre Mercado en las economías
occidentales.
No los hay, al menos, con el necesario enfoque y bajo
la premisa que éste constituye el camino adecuado
para encarar los Fenómenos.
El presente libro pretende
transitar caminos que de alguna manera conduzcan a la
identificación y a la formación de ése
Profesional.
Esta caminata intelectual gravita alrededor de la precisión
de ciertos conceptos básicos, muchos de los cuales
acompañan a la Administración desde hace
mucho tiempo, pero hasta el presente la acompañan
en calidad de “minusválidos”, porque
ella misma les ha dado ésa condición.
En tanto que la Administración alcanza grados
de verdadera sofisticación en el planteamiento
de técnicas de Mercadeo, olvida la trascendental
gravitación de las Ventas. En tanto que trata
de enriquecerse a sí misma con el desarrollo
de técnicas de gestión, olvida el estudio
profundo de la Organización, elemento estructural
de su razón de ser. En tanto que se esfuerza
por calificar en su búsqueda teleológica,
olvida el sentido básico de Negocio, único
aspecto que genera su existencia. En tanto que trata
de hacer gala de su naturaleza de ciencia sincrética
acudiendo a la Estrategia para explicar “ciertos”
aspectos de su interés, olvida que al tratar
con ella interactúa con el que probablemente
es el sistema mas antiguo y enriquecido de gobierno
organizacional, del cual, incluso, ella misma desciende.
En tanto la Administración se juzga a sí
misma como el concepto de gestión idóneo
para tratar con el perpetuo y omnipresente Conflicto
que rodea el quehacer organizacional, termina mas bien,
siendo frecuente víctima de El. Y por último,
entre que asume su extenso entendimiento del Individuo
que forma parte de la Organización, aún
no descubre ni forma a aquél que le brindará
el entendimiento y el ejercicio cabal en la interacción
con el fenómeno competitivo.
En este libro muchos de
ésos aspectos gravitan de una manera diferente:
El Negocio es el justificativo
final de la existencia de la Organización.
Negocio proviene del vocablo latín “negotium”
que significa: “actividad que genera utilidad,
interés o provecho para quien la practica”.
Bajo ésta premisa todas las organizaciones están
sustentadas por un Negocio, porque ninguna de ellas
se forma ajena al sentido de utilidad interés
o provecho en el ejercicio de sus actividades. Y no
sólo las organizaciones empresariales, tampoco
la familia y el Estado, en los extremos de las instituciones
llamadas por su naturaleza a ser “administradas”.
En las organizaciones empresariales no todas las actividades
generan utilidad, interés o provecho con la misma
jerarquía, tan sólo lo hacen las funciones
de Producción y de Ventas. Alrededor de éstas,
todas las demás funciones deben entenderse como
de apoyo y deben justificar su existencia (y su tamaño)
únicamente como efecto de la existencia y la
necesidad de aquellas.
Las funciones de Producción y Ventas explican
el Negocio de una Organización, sólo ellas.
El resto de las tareas en una Organización son
una consecuencias de éstas primeras.
Y dado que debe asumirse que las organizaciones no producen
nada que no entiendan que puede venderse, entonces la
función de Ventas tiene preeminencia sobre la
de Producción, convirtiéndose en la función
organizacional que por excelencia perfecciona el Negocio.
Las Ventas, por ello mismo, se encuentran ubicadas en
un sitial que no puede alcanzar ninguna otra tarea en
la Organización, incluida, por supuesto, la Mercadotecnia,
la misma que se incluye sólo como un conjunto
de técnicas destinadas a soportar la tarea vital
de Ventas.
El afán de perfeccionar
el Negocio por medio de las Ventas coloca a las organizaciones
en un estado de Conflicto, ocasionado por el hecho que
existen otras organizaciones que buscan lo mismo, y
tienen por ello intereses opuestos, antagónicos.
Esto es la Competencia. El elemento motriz del perpetuo
Conflicto que enfrentan las organizaciones en su afán
de perfeccionar su Negocio.
La Estrategia, por otra
parte, es un concepto milenario que la mente humana
ha desarrollado para enfrentar el Conflicto entre intereses
opuestos. De allí que constituya elemento fundamental
en el afán de las organizaciones para perfeccionar
el Negocio. La Estrategia es precisamente el concepto
de gobierno del Negocio. Y dado que éste último
se explica por medio de las Ventas, la Estrategia es
primero, después y siempre Estrategia de Ventas.
El termino de Estrategia no puede estar reservado para
nada más en las organizaciones. Conceptualmente
no existe nada que pueda llamarse Estrategia de Mercadeo,
Estrategia de Finanzas, Estrategia de Recursos Humanos,
Estrategia Organizacional, etc. El termino está
reservado en estado virginal, limpio y puro para las
Ventas.
Alrededor de la Estrategia de Ventas la Organización
desarrolla todos sus propósitos, sus inquietudes,
sus programas de acción y el resto de sus intereses.
Solamente así se perfecciona el Negocio y se
alcanza un eficaz rendimiento competitivo.
La Estrategia tampoco puede
entenderse como un Plan (ésta es otra “construcción”
completamente mal concebida). La Estrategia interactúa
con el Conflicto y éste solo entiende la Acción.
Una cosa es un Plan y otra cosa la Estrategia. Ni a
uno ni a otro le conviene o le interesa tamaña
confusión.
Puede aceptarse que la Estrategia es una “forma
de Pensar”, o una forma de hacer las cosas que
se gesta entre los entramados de la mente de las personas,
pero en todo caso es una forma de Pensar sobre el Conflicto
y las opciones existentes para dirimirlo a favor de
los intereses propios. Y en ése sentido trabaja
siempre a favor de los intereses del Negocio.
Tampoco la Estrategia presenta libertades mayores cuando
se explica como una “forma de Pensar”, porque
hasta en ello se fundamenta en la existencia de principios
propios, en éste caso los Principios Estratégicos.
Los Principios Estratégicos resumen sabiduría
milenaria de innumerables ocasiones y formas en las
que el hombre ha interactuado con el Conflicto. Probablemente
su aplicación es más válida hoy
que el momento en que fueron concebidos.
Se hace Estrategia cuando se aplican Principios Estratégicos,
los mismos que además son innumerables, pero
siempre orientados a la resolución del Conflicto.
La Estrategia, por otra
parte, es un termino que etimológicamente proviene
del vocablo griego “strategos”, que significa
General.
En origen la Estrategia no tiene un significado diferente,
mucho menos alguno que conduzca a la enorme confusión
que se tiene hoy día.
El significado ni siquiera alude a un verbo, alude a
un individuo: el General, el Comandante de las fuerzas
militares llamadas a resolver un Conflicto.
Es cierto que debe asumirse que el propio termino emerge
del verbo “stratego” que alude al acto de
planificar la destrucción de los enemigos en
razón del uso eficaz de los recursos, pero concluye
en una remisión directa al individuo, tratando
de indicar enfáticamente que el acto le corresponde
intrínsecamente a ESE individuo.
Así las cosas, entonces Estrategia significa
aquello que en esencia hace el General, el STRATEGOS.
La Estrategia termina por lo tanto siendo una concepción
absolutamente personalizada, vinculada a la tarea de
un individuo.
Amparado en ésta
deducción, este libro plantea que Estrategia
es la función del STRATEGOS.
Con ello el énfasis de la definición se
traslada del Objeto al Sujeto, al Individuo.
Si Estrategia es todo aquello que hace el STRATEGOS
para dirimir el Conflicto a favor de los intereses propios,
entonces el enfoque, el estudio, debe concentrarse en
el Hombre.
Si se define QUE debe hacer el STRATEGOS y COMO debe
hacerlo en su interacción con el Conflicto, se
concluye por definir lo que Estrategia ES.
Así, el STRATEGOS
se convierte en el Profesional de la Estrategia, en
el entendido principal de la resolución del Conflicto,
en el agente fundamental de conocimiento e interacción
con el factor motriz del Conflicto: la Competencia.
El STRATEGOS constituye la respuesta que la Organización
tiene para interactuar ventajosamente con el Sistema
de Libre Mercado y su sostén: el Fenómeno
competitivo.
Por último, y para
poder desarrollar su tarea de manera apropiada el STRATEGOS
precisa conocer con profundidad la Organización.
Porque de ella emergen los esfuerzos colectivos, por
medio de sus recursos se ejecuta la Estrategia y para
el mejor beneficio de ella se persiguen los resultados.
En el Ejército, ésa Organización
de la que tantas cosas hereda la ciencia administrativa,
el STRATEGOS tarda no menos de veinte años para
llegar a ésa condición. Todo éste
tiempo lo invierte en conocer la Organización
hasta en sus mínimos detalles.
El conjunto de lo que es
la Organización, el STRATEGOS, la Estrategia
y el Conflicto, se llama en éste libro LO ESTRATÉGICO.
Precisamente cada una de sus cuatro partes componentes
le da forma a un capítulo correspondiente.
No es sencillo determinar
el alcance que la obra en sí pueda tener. Existen
muchísimas limitaciones. Pero en tanto constituya
una herramienta en la toma de conciencia y formación
del STRATEGOS y su necesaria preparación para
las tareas que exige el fenómeno competitivo,
habrá cumplido su objetivo.
BIOGRAFIA DEL AUTOR
www.elstrategos.com
Carlos
Eduardo Nava Condarco es natural de Bolivia, reside
en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Nació
el 13 de octubre de 1964 y actualmente tiene 39 años.
Tiene una licenciatura en Administración de Empresas
de la Universidad Católica de Bolivia y ejerce
la profesión desde hace 15 años.
El
señor Nava ha desempeñado cargos gerenciales
de importancia en empresas de su país orientadas
especialmente a la comercialización de productos
de consumo masivo: bebidas gaseosas (Coca-Cola), cemento
(SOBOCE S.A), comida rápida (Burger King). En
estas organizaciones su responsabilidad principal ha
estado siempre vinculada a la dinámica de los
mercados y a la competencia, en cargos de Gerencias
Comerciales y de Operaciones.
El
señor Nava es catedrático de la Universidad
Católica Boliviana desde hace 8 años,
en la materia de Política y Estrategia Empresarial.
Ha
dedicado mas de 12 años de investigación
profesional a la Estrategia de Negocios y se encuentra
en proceso de publicar el libro “El STRATEGOS
y la guerra en el mundo de los negocios”, del
cual éste artículo es un extracto adaptado.