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Gerencia:
PLANIFICACIÓN - CÓMO ARMAR UNA EMPRESA :. |
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Por: Fertonani, Alberto R. afertonani@hotmail.com
Paso
a paso, todo lo que debe tener un plan de negocios para
asegurar el éxito de un emprendimiento y conseguir inversores.
A la hora de planificar un nuevo emprendimiento empresarial,
es fundamental saber elegir la información que verdaderamente
importa.
Si
el objetivo apunta a conseguir capital de riesgo para
financiar el desarrollo de la compañía, no basta con brillantes
gráficos a cinco colores y detalladas proyecciones financieras.
Es cierto que un buen plan de negocios debe incluir cifras,
pero además tiene que evaluar, sistemáticamente, cuatro
factores cuya interdependencia resulta crítica para el
éxito: el equipo adecuado de gente; la oportunidad, que
incluye qué vender, a quién, las posibilidades de crecimiento
y la competencia; el contexto, siempre cambiante, y con
factores que no siempre se pueden controlar; y el análisis
del riesgo y la recompensa. En definitiva, un mapa de
viaje que guiará a la empresa y a los inversores. Pocas
son las áreas comerciales que atraen tanta atención como
la creación de un nuevo emprendimiento, y pocos son los
aspectos de la creación de una nueva empresa que llaman
tanta atención como el plan necesario para ponerla en
marcha. Pero, a juzgar por todo el alboroto que rodea
al plan de negocios, podría decirse que lo único que separa
a un futuro empresario de un éxito espectacular son los
brillantes gráficos a cinco colores, un manojo de hojas
de cálculo minuciosamente preparadas, y una década de
proyecciones financieras preparadas mes por mes. Nada
podría estar más alejado de la realidad. Con cientos de
empresarios que inician una actividad, un plan no ocupa
más que un segundo lugar, en una escala de 1 a 10, para
predecir el éxito de una nueva empresa. Y, a veces, cuantos
más detalles contiene el documento, mayores son las posibilidades
de que se vaya a pique. ¿Cuál es el problema de la mayor
parte de los planes? La respuesta es relativamente simple.
La mayoría gasta demasiada tinta en los números, y dedica
muy poco espacio a la información que realmente importa
a los inversores inteligentes. Como cualquier inversor
experimentado sabe, las proyecciones financieras de una
nueva compañía —proyecciones prolijamente detalladas,
mes a mes, que se extienden por más de un año— son un
acto de imaginación. Cualquier emprendimiento enfrenta
demasiadas incertidumbres cuando se trata de predecir
sus ingresos y sus ganancias. Más aún, muy pocos empresarios,
si es que existe alguno, pueden anticipar con exactitud
cuánto capital y tiempo serán necesarios para alcanzar
sus objetivos. Generalmente son demasiado optimistas,
y aumentan sus proyecciones. Los inversores conocen ese
efecto "relleno" y, por lo tanto, reducen las
cifras del plan. Todas estas maniobras crean un círculo
vicioso de inexactitud que a nadie beneficia. Los planes
deben incluir cifras. Pero esas cifras tienen que aparecer
en forma de modelos comerciales que demuestren que el
equipo de trabajo tuvo en cuenta los motores clave del
éxito o fracaso de la empresa. Para el área de fabricación,
esos motores podrían ser el rendimiento del proceso de
producción; para una editorial, el índice de renovación
de suscripciones de una revista; y para la actividad de
software, el impacto producido por el uso de varios canales
de distribución. El modelo también debe considerar el
umbral de rentabilidad: ¿En qué nivel de ventas comenzará
a dar ganancias el negocio? Y, lo que es más importante,
¿Cuándo será positivo el cash flow? Sin duda, la contestación
a estas preguntas merece varias páginas de un plan.
¿Y
cuál es el principio? ¿Qué información debe contener
un buen plan? Si usted quiere hablar el lenguaje de los
inversores, y también asegurarse de que se han formulado
las preguntas adecuadas antes de emprender el viaje que
presenta el mayor desafío en la carrera de un empresario,
se recomienda considerar el siguiente marco para su plan.
No se trata de ninguna de las fórmulas "ganadoras"
que puede encontrar en reconocidos libros y programas
de software actuales. Tampoco es una guía para practicar
una neurocirugía.
En
su lugar, hay que evaluar sistemáticamente cuatro factores
cuya interdependencia resulta crítica para cada nueva
empresa: La gente. Los hombres y mujeres que crean
y manejan la empresa, así como también los terceros que
brindan servicios clave o recursos importantes, como abogados,
contadores y proveedores. La oportunidad. El perfil
de la actividad en sí misma: qué vende y a quién; si el
negocio puede crecer y a qué velocidad; cuáles son sus
aspectos económicos; qué y quién se interpone en el camino
hacia el éxito. El contexto. El marco regulatorio,
las tasas de interés, las tendencias demográficas y la
inflación, entre otros factores que inevitablemente cambiarán,
pero que el empresario no puede controlar. Riesgo y
recompensa. Una evaluación de todo lo que puede salir
mal y bien, y un análisis de cómo puede responder el equipo
empresarial. Este marco supone que las grandes empresas
poseen atributos que son fáciles de identificar, pero
difíciles de aglutinar. Veamos algunos de ellos:
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ASÍ
SE HABLA EN PÚBLICO, PRESENTACIONES EFICACES
Y VENDEDORAS DE ALTO IMPACTO
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Tienen
un equipo empresarial enérgico y experimentado en todos
los niveles. Los miembros del equipo poseen habilidades
y experiencias directamente relevantes a la oportunidad
que persiguen. Existe la posibilidad de que juntos hayan
trabajado con éxito en el pasado. La oportunidad tiene
un modelo atractivo y sostenible; es posible crear una
ventaja competitiva y defenderla. Existen muchas opciones
para expandir la escala y el alcance de la empresa, y
esas opciones pertenecen únicamente a la empresa y a su
equipo. Es posible extraer el valor de una empresa en
una cantidad de formas, ya sea mediante un hecho positivo
—una venta—, o reduciéndola o liquidándola. El contexto
es favorable respecto del marco económico y regulatorio.
El riesgo se sobreentiende, y el equipo ha considerado
diversas formas para mitigar el impacto de hechos que
se presenten difíciles. En suma, las grandes empresas
cubren totalmente los cuatro aspectos del marco. ¡Qué
útil sería que la realidad fuera tan prolija!
La
gente
Cuando
se recibe el plan de una empresa, lo primero que se debe
leer es la sección que corresponde a los antecedentes
laborales de la gente. No es porque la gente que forme
parte de la nueva empresa sea lo más importante, sino
porque sin el equipo correcto, ninguno de los otros tres
aspectos importa. Los antecedentes del equipo de trabajo
con una lista de preguntas en mente. Todas las preguntas
apuntan a las mismas tres cuestiones sobre los miembros
del equipo: ¿qué saben?, ¿A quién conocen? y ¿cuán bien
se los conoce? Lo que saben y a quiénes conocen son cuestiones
de experiencia e introspección. ¿Hasta qué punto conocen
a los jugadores de esta industria y su dinámica? Los inversores,
evidentemente, valoran a los gerentes que han estado en
actividad durante algún tiempo. El plan de una empresa
debe describir sencillamente el conocimiento de cada uno
de los miembros del equipo respecto del tipo de producto
o servicio de la nueva empresa, sus procesos de producción,
el mercado al que apunta, tanto en términos de competidores
como de clientes. También ayuda indicar si los miembros
del equipo han trabajado juntos antes. (No en equipos
universitarios, sino de trabajo). Los inversores también
ven con buenos ojos un equipo conocido, porque el mundo
real prefiere, a menudo, no tratar con novatos. Son demasiado
impredecibles. Esto cambia, sin embargo, cuando la nueva
compañía es manejada por personas bien conocidas por los
proveedores, clientes y empleados. Su empresa puede ser
nueva, pero ellos no. El elemento sorpresa de trabajar
con una persona que apenas se inicia, de alguna manera,
queda atenuado.
La
oportunidad
Cuando
se trata de la oportunidad, un buen plan comienza centrándose
en dos preguntas: ¿El mercado total para el producto o
servicio de la empresa es grande, crece rápidamente, o
ambas cosas? ¿La industria resulta en la actualidad atractiva,
o puede llegar a serlo? Los empresarios y los inversores
buscan grandes mercados o de gran crecimiento, porque
es más fácil obtener una participación en un mercado creciente
que pelear por una participación con competidores atrincherados
en un mercado maduro o estancado. En realidad, los inversores
inteligentes tratan de identificar mercados con gran potencial
de crecimiento en las primeras etapas de su evolución:
allí es donde se encuentran los grandes beneficios. Y,
por cierto, muchos no invertirán en una compañía que no
pueda llegar a una escala significativa en los cinco primeros
años de vida. En lo que se refiere a atractivo, es obvio
que los inversores buscan mercados que realmente permitan
que las empresas ganen algún dinero. Pero no es tan simple
como suena. A fines de la década de los '70, el negocio
de los "drives" de computación parecía muy atractivo.
La tecnología era nueva y prometedora. Docenas de compañías
se lanzaron a la lucha, ayudadas por un ejército de inversores
profesionales. Sin embargo, veinte años más tarde, el
entusiasmo decayó, tanto para los gerentes como para los
inversores. Las compañías de "disk drives" deben
diseñar productos que cumplan con las necesidades de los
fabricantes de equipos originales y los usuarios finales.
Los clientes son mucho más grandes que cualquiera de los
proveedores. Existen muchos competidores, cada uno con
ofrecimientos similares y de alta calidad. Además, el
ciclo de vida del producto es corto, y alta la inversión
en tecnología. La industria está sujeta a cambios importantes,
en tecnología y en términos de las necesidades del cliente.
La intensa rivalidad reduce los precios y, como consecuencia,
los márgenes de ganancias. En resumen, la industria de
drives de computación ya no resulta rentable; es un área
de desastre estructural. La industria de servicios de
información, por el contrario, es un paraíso que proporcionan
información al mundo financiero y tienen, virtualmente,
todas las ventajas a su favor. En primer lugar, pueden
reunir o crear contenido propio. Contenido que, a propósito,
es como la sangre para miles de gerentes financieros y
analistas de bolsa en el mundo entero. Y aunque a menudo
resulta costoso desarrollar el servicio y conseguir los
clientes iniciales, una vez terminada esta etapa y ya
en funcionamiento, estas compañías pueden distribuir su
contenido a los clientes en forma muy barata. Además,
los clientes pagan el servicio por adelantado, lo que
redunda en un cash flow muy atractivo. En resumen, la
estructura de la industria de los servicios de información
es mucho más que atractiva: es brillante.
Por
lo tanto, el primer paso que debe dar un empresario es
asegurarse de que está ingresando a una industria que
es grande y/o creciente, y que es estructuralmente atractiva.
El
segundo paso es estar seguro de que su plan describa rigurosamente
los argumentos que lo justifican. Y si no fuera así, necesita
especificar de qué manera la empresa obtendrá una ganancia
suficiente para que los inversores —o empleados, o proveedores
potenciales, no viene al caso— quieran participar. Una
vez analizada la industria de la nueva empresa, el plan
debe describir en detalle el modo en que la compañía construirá
y lanzará al mercado su producto o servicio. Nuevamente,
una serie de preguntas debería guiar la discusión. Con
frecuencia, sin embargo, las respuestas revelan una falla
fatal de la empresa. Se ha visto a empresarios que habían
descubierto un "gran" producto, pero les resultaba
demasiado costoso encontrar clientes que pudieran o quisieran
comprarlo. Un acceso económicamente viable a los clientes
es la clave para una empresa, aunque muchos empresarios
prefieran un enfoque del tipo "Campo de los Sueños":
fabrican un producto, y creen que los clientes vendrán.
Esta estrategia funciona en las películas, pero no es
muy inteligente en la vida real. No siempre es fácil contestar
preguntas sobre las posibles reacciones de los consumidores
a un nuevo producto o servicio. El mercado es tan cambiante
como impredecible. ¿Quién iba a pensar, por ejemplo, que
los desodorantes de ambiente que se enchufan en la pared
se venderían? Un empresario propuso lanzar un servicio
electrónico de recortes de noticias. Hizo su propuesta
a un inversor de capital de riesgo, quien la rechazó con
el siguiente argumento: "No creo que los perros coman
comida para perros". Tiempo después, cuando la compañía
comenzó a cotizar en bolsa, el empresario le envió al
capitalista un paquete que contenía una lata de comida
para perros vacía y una copia de su folleto. Si fuera
fácil predecir lo que la gente va a comprar, no habría
oportunidades. De la misma manera, es difícil adivinar
cuánto está dispuesto a pagar alguien por algo, pero un
verdadero plan debe considerar este punto. A veces, los
perros comen comida para perros, pero sólo si el precio
es inferior al costo. Los inversores siempre buscan oportunidades
de precio por valor; es decir, mercados en los cuales
los costos para fabricar su producto sean bajos, pero
con consumidores dispuestos a pagar un precio neto más
alto. Nadie se muere por invertir en una compañía con
márgenes raquíticos. Un plan debe demostrar que se ha
dado especial consideración al nuevo esquema de precios.
La lista de preguntas sobre la oportunidad de una nueva
empresa se centra en los ingresos directos y en los costos
de producir y comercializar un producto. Eso está bien
para empezar. Pero una propuesta inteligente también debe
evaluar el modelo comercial desde una perspectiva que
tome en cuenta la inversión requerida; dicho de otro modo,
la parte de la ecuación que corresponde al balance comercial.
Es necesario formular las siguientes preguntas para que
los inversores puedan comprender las implicaciones del
cash flow cuando se persigue una oportunidad: - ¿Cuándo
hay que comprar suministros, materia prima y personal?-
¿Cuándo tiene que pagarlos?- ¿Cuánto tiempo se necesita
para conseguir un cliente?- ¿Cuánto tiempo debe pasar
antes de que el cliente realice el pago? Los inversores,
por cierto, buscan negocios en los que la gerencia pueda
comprar barato, vender caro, cobrar rápido y pagar tarde.
El plan tiene que explicar claramente a qué distancia
de ese ideal se espera que llegue la empresa. Aun si la
distancia no es mucha —aunque generalmente lo es—, por
lo menos la verdad está allí para discutirla. Además,
la sección oportunidad de un plan debe traer otros temas
a la superficie. En primer lugar, demostrar y analizar
cómo puede crecer una oportunidad; en otras palabras,
de qué manera la nueva empresa puede expandir su rango
de productos o servicios, base de clientes o alcance geográfico.
A menudo, las compañías pueden crear canales virtuales
que soportan la generación, económicamente viable, de
nuevas corrientes de ingresos. En la actividad editorial,
por ejemplo, la revista Inc. expandió su línea de productos
a seminarios, libros y videos sobre emprendimientos.
Ahora
bien, muchos de los planes versan sobre el tema del potencial
de la nueva empresa para crecer y expandirse. Pero también
deberían versar sobre la explicación de cómo evitarán
caer en algunas trampas comunes que presentan las oportunidades.
Una de ellas ya fue mencionada: las industrias que, dado
su núcleo central, resultan estructuralmente poco atractivas.
Pero existen otras. El mundo de los inventos, por ejemplo,
está plagado de peligros. Durante los últimos 15 años,
se han visto docenas de individuos que han desarrollado
las mejores trampas; novedades que van desde almohadas
inflables para usar en los aviones, hasta sistemas de
estacionamiento automatizados. Pocas de estas compañías,
impulsadas por una idea, se han desarrollado. No estoy
completamente seguro de cuál es la razón. A veces, el
inventor rehusa invertir el dinero necesario, o no quiere
compartir demasiadas ganancias con el área comercial de
la compañía. Otras, los inventores son tan cuidadosos
de sus invenciones que se olvidan del cliente. Cualquiera
sea el motivo, las empresas con trampa poseen una extraña
condición para funcionar mal.
En
lo que respecta al comportamiento de la competencia, probablemente
no haga falta mencionar que todos los planes deberán cubrir,
cuidadosa y completamente, ese territorio. Para los que
están a punto de empezar, cada plan debe contestar las
siguientes preguntas: - ¿Quiénes son los competidores
actuales de la nueva empresa?- ¿Cuáles son los recursos
que controlan? ¿Cuáles son sus fortalezas y debilidades?-
¿Cómo reaccionarán frente a la decisión de la nueva empresa
de entrar en la actividad?- ¿Cómo puede la nueva empresa
responder a la reacción de sus competidores?- ¿Quién más
podría observar y explotar la misma oportunidad?- ¿Existe
alguna forma de apropiarse de competidores potenciales
o reales formando alianzas? Una empresa es como el ajedrez:
para ganar se deben anticipar varios movimientos. Un plan
que describa una situación de vanguardia insuperable,
o una posición de propiedad del mercado, generalmente
está escrito por gente ingenua. Todas las oportunidades
contienen una promesa, todas son vulnerables. Un buen
plan no es excluyente, sino que demuestra que el equipo
conoce lo bueno, lo malo y lo feo que enfrenta la empresa.
El
contexto
Las
oportunidades existen en un contexto. En un nivel se ubica
el entorno macroeconómico, incluyendo el nivel de actividad
económica, la inflación, el tipo de cambio y de interés.
En otro nivel se encuentra una amplia gama de leyes y
reglamentaciones gubernamentales que afectan la oportunidad
y la forma en la que se manejan los recursos para explotarla.
Los ejemplos abarcan desde la política fiscal, hasta las
leyes sobre la acumulación de capital para formar una
compañía, pública o privada. Y en otro nivel se encuentran
factores como la tecnología, que define los límites de
lo que una empresa o sus competidores pueden alcanzar.
El contexto tiene, generalmente, un tremendo impacto en
cada aspecto del proceso empresarial: desde la identificación
de la oportunidad hasta la recolección de los frutos.
En algunos casos, los cambios en determinado factor de
contexto crean la oportunidad. Más de 100 nuevas compañías
se formaron cuando se desreguló la industria de la aviación,
a fines de la década de los '70. El contexto para su financiación
también fue favorable, porque permitió a las empresas
que acababan de ingresar obtener capital del sector público
aun antes de iniciar las operaciones. A veces, sin embargo,
el contexto complica el comienzo de una nueva empresa.
La recesión de principios de los '90 estuvo acompañada
por un entorno de financiación difícil para las nuevas
compañías: Los desembolsos de capital de riesgo eran bajos,
como lo era la cantidad de capital disponible en los sectores
públicos. Paradójicamente, aquellas condiciones relativamente
adversas que dificultaron el desarrollo de los nuevos
ingresantes, se asociaron con altos retornos de inversión
a mediados de los '90, cuando los mercados de capital
se recalentaron. Otras veces, un cambio en el contexto
convierte un negocio poco atractivo en uno fascinante,
y viceversa. Consideremos el caso de una compañía de embalaje,
a la que algunos años atrás le iba tan mal que estaba
a punto de cerrar. Por ese entonces ocurrió el incidente
de Tylenol, que por una indebida manipulación derivó en
varias muertes. Esa compañía de embalaje, que poseía un
mecanismo eficiente para instalar sellos herméticos, en
cuestión de semanas modificó espectacularmente su desempeño
financiero. Por el contrario, las reformas fiscales de
los Estados Unidos que se sancionaron en 1986, crearon
confusión en el negocio inmobiliario por cuanto eliminaron
casi todos los incentivos de inversión. Muchas empresas
que habían tenido éxito abandonaron la actividad poco
después de que las nuevas reglamentaciones entraran en
vigencia. Cada plan debería contener algunas evidencias
relacionadas con el contexto. En primer lugar, los empresarios
tienen que mostrar una gran concientización sobre el contexto
de la nueva empresa, así como la manera en que colaboraría
u obstaculizaría su propuesta específica. En segundo lugar,
y más importante, deberían demostrar que saben que el
contexto de la empresa cambiará inevitablemente, y poder
describir cómo esos cambios podrían afectar a la compañía.
Más aún, el plan debería indicar claramente lo que la
gerencia podría (y debería) hacer en caso de que el contexto
se tornara desfavorable. Finalmente, un plan debería explicar
la manera, si es que existe, en que la gerencia puede
modificar el contexto en forma positiva. Por ejemplo,
la gerencia podría modificar, mediante esfuerzos de lobby,
las reglamentaciones o las normas de la industria.
Riesgo
y recompensa
El
concepto de que el contexto es fluido nos lleva directamente
a la cuarta pieza del marco que propongo: la discusión
del riesgo, y cómo manejarlo. He llegado a pensar que
un buen plan es una instantánea de un hecho futuro. Es
toda una proeza comenzar con una foto de lo desconocido;
pero los mejores planes van más allá de eso, son como
películas del futuro. Muestran a las personas, la oportunidad
y el contexto desde múltiples ángulos. Ofrecen una historia
creíble, coherente, de lo que se espera en el futuro.
Despliegan posibilidades de acción y reacción. En otras
palabras, un buen plan considera a las personas, la oportunidad
y el contexto como un blanco móvil. Estos tres factores
(y las relaciones entre ellos) cambiarán con el tiempo,
de la misma manera que una compañía evoluciona desde el
comienzo hasta la empresa actual. Por lo tanto, cualquier
plan que valga la pena redactar o leer necesita centrar
la atención en los aspectos dinámicos del proceso empresarial.
Por supuesto, el futuro es difícil de predecir. No obstante,
es posible otorgar a los potenciales inversores un sentido
de la clase y el tipo de riesgo y recompensa que la nueva
empresa supone. Todo lo que se necesita es un lápiz y
dibujos simples. Pero el riesgo es "riesgoso".
En realidad, no existe una distribución inmutable de resultados.
Finalmente, es responsabilidad de la gerencia cambiar
la distribución, aumentar la probabilidad y las consecuencias
del éxito, y disminuir la probabilidad y las implicaciones
de los problemas. Uno de los grandes mitos sobre los empresarios
es que buscan el riesgo. Cualquier persona, en su sano
juicio, quiere evitarlo. Como se dice, los verdaderos
empresarios quieren capturar toda la recompensa y darles
todo el riesgo a otros. El mejor negocio es una oficina
postal, a la cual las personas envían sus cheques. Sin
embargo, el riesgo es inevitable. Entonces, ¿qué significa
el riesgo de un plan de negocios? Significa que el plan
debe saber enfrentar, constantemente, los riesgos que
se encuentran en el camino, en términos de personas, oportunidad
y contexto. ¿Qué pasa si uno de los líderes de la nueva
empresa se aleja? ¿Qué pasa si un competidor reacciona
con mayor ferocidad que la esperada? ¿Qué pasa si hay
una revolución en Namibia, la fuente de la materia prima
principal? ¿Qué hará en ese caso la gerencia? Estas son
preguntas muy duras para cualquier empresario, especialmente
cuando busca capital. Pero aquellos que se las formulen,
y luego proporcionen respuestas sólidas, obtendrán mejores
resultados. Una nueva empresa, por ejemplo, podría beneficiarse
significativamente de las tasas de interés, y por lo tanto
ser muy sensible a ellas. Su plan se fortalecería mucho
si indicara que la gerencia tratará de cubrirse, a través
de los mercados financieros de futuros, mediante la compra
de un contrato que proporcione ganancias cuando suban
las tasas de interés. Ese es el equivalente a ofrecer
un seguro a los inversores. Finalmente, un área importante
en la administración de riesgo/recompensa se relaciona
con la cosecha. Los capitalistas de riesgo suelen preguntarse
si la empresa bajo análisis podrá abrir su capital a la
bolsa en algún momento. Para algunas empresas resulta
difícil, porque hacerlo significaría revelar información
que podría dañar su posición competitiva. Pero ciertos
emprendimientos que no son compañías, sino productos,
no pueden sostenerse como empresas independientes. Por
lo tanto, un plan debería hablar, en forma simple, sobre
el fin del proceso. ¿Cómo recuperará el inversor el dinero
de la empresa, suponiendo que tenga éxito, aunque sea
sólo marginal? Cuando los profesionales invierten, se
sienten especialmente atraídos por las compañías que tienen
una amplia gama de opciones de salida. Quieren compañías
que trabajen afanosamente para preservar y mejorar esas
opciones a lo largo de su vida. Compañías que, por ejemplo,
no establezcan alianzas de manera inesperada con grandes
empresas que, en determinado momento, puedan absorberlas.
Cuando se enfrentan al riesgo, los inversores se sienten
mucho mejor si el fin de una compañía se discute desde
el principio. Según el viejo dicho: "Si no sabes
hacia adónde vas, cualquier camino te conducirá".
Cuando se desarrolla una estrategia empresarial sensata,
lo verdadero es justamente lo opuesto: es mejor saber
hacia dónde se va, y tener un mapa para llegar a ese lugar.
Un plan debería ser el lugar donde se dibuja el mapa;
porque, como todo viajero sabe, un viaje es mucho menos
riesgoso si se conoce el destino.
El
acuerdo y demás
Una
vez escrito el plan, la meta, por supuesto, es llegar
a un acuerdo. Cuando se habla con empresarios jóvenes
(y viejos) que buscan cómo financiar sus emprendimientos,
se advierte que están obsesionados por la valuación y
los términos del acuerdo. Su meta explícita parece ser
minimizar la disminución de valor que sufrirán al reunir
el capital. Implícitamente, también buscan inversores
que permanezcan tan pasivos como un árbol mientras ellos
proceden a construir su empresa. En la cadena de alimentación
de los inversores, parecería que los médicos y los dentistas
son los mejores, y que los peores son los capitalistas
de riesgo, debido al grado de control y participación
en la inversión que estos últimos exigen. Este concepto,
al igual que la idea de que las detalladas proyecciones
financieras son penosamente útiles, es una tontería. En
la mayoría de los casos, las personas a quienes se les
pide capital son más importantes que las condiciones que
imponen. Como ya he dicho, una nueva empresa es riesgosa
de por sí; lo que pueda salir mal según Murphi, saldrá.
Cuando eso suceda, un inversor poco experto entrará en
pánico, se enojará, y frecuentemente rehusará contribuir
con más dinero. Los más avezados, por el contrario, ayudarán
a la compañía a resolver sus problemas. Tienen mucha experiencia
en el salvataje de buques que se hunden. Conocen el proceso.
Saben cómo diseñar una estrategia comercial inteligente
y un plan táctico sólido. Saben cómo reclutar, remunerar
y motivar a los miembros del equipo. Son expertos en las
discusiones bizantinas que permiten entrar o salir de
la bolsa; un hecho que la mayoría de los empresarios enfrenta
una sola vez en la vida. Este tipo de experiencia vale
todo el dinero que se necesita para comprarlo. Existe
un viejo adagio que puede aplicarse directamente a las
finanzas empresariales: "Demasiado inteligente
por la mitad". A menudo, quienes suscriben un
convenio son muy creativos y desarrollan toda clase de
recompensas y esquemas de opciones. Eso, generalmente,
se convierte en un boomerang. La experiencia ha enseñado
que los acuerdos sensatos tienen las siguientes características:
- Son simples.- Son justos.- Enfatizan la confianza en
lugar de las ataduras legales.- No se desintegran si lo
que sucede se aleja levemente del plan.- No contienen
incentivos perversos que obligan a las partes a asumir
conductas destructivas.- Las cantidad de hojas de papel
en las que están escritos tienen apenas algunos milímetros
de alto. Pero hasta estas seis reglas claras descuidan
un punto importante. Un acuerdo no debe ser algo estático;
un documento para una sola vez, que negocie la disposición
de una suma de dinero global. Por el contrario, lo lógico
es pensar en un proceso dinámico: cuánto dinero se necesitará,
y cuándo. Para el equipo empresarial, la clave estará
en considerar a una nueva empresa como una serie de experimentos.
Antes de lanzar todo el show, es bueno lanzar una parte.
Convocar a un grupo para que ensaye el producto, construir
un prototipo y ver cómo funciona, realizar un lanzamiento
local o regional. Ese ejercicio revela la verdadera economía
de una empresa, y puede ayudar en la determinación de
cuánto dinero necesita realmente, y en qué etapas. Los
experimentos, por supuesto, pueden parecer caros y riesgosos.
Pero sé muy bien que previenen desastres y ayudan a crear
éxitos. Los considero un pre-requisito cuando se desea
llegar a un acuerdo ganador.
Cuidado
con los albatros
La
soberbia es uno de los muchos pecados cometidos por quienes
redactan un plan. En la economía de hoy, pocas ideas son
de nuestra exclusiva propiedad. Más aún, en los anales
de la historia jamás hubo un momento en el que la oferta
de capital no superara a la oferta de oportunidades. Un
plan no debe ser un albatros que se cuelga del cuello
de un equipo empresarial, arrastrándolo al olvido. Debe
ser un llamado a la acción, que reconozca la responsabilidad
de la gerencia para reparar los daños, proactivamente
y en tiempo real. El riesgo es inevitable, evitarlo es
imposible. La administración del riesgo es la clave: Inclina
al emprendimiento hacia la recompensa y lo aleja del riesgo.
Un plan debe demostrar que puede manejar el proceso empresarial
completo, desde la identificación de la oportunidad hasta
la recompensa. No es una vía para quitarles el dinero
a los inversores, ocultando la falla fatal. En el análisis
final, el único engañado será el empresario. Vivimos,
hoy en día, en la era dorada de la empresa. Aunque las
compañías que figuran en la revista Fortune 500, han cortado
cinco millones de puestos de trabajo en los últimos 20
años, la economía global sumó casi 30 millones. Muchos
de esos empleos se crearon en empresas emprendedoras,
como Cisco Systems, Genentech y Microsoft. Cada una de
esas compañías comenzó con un plan. ¿Fue eso lo que las
catapultó al éxito? No hay forma de saberlo. Pero es indudable
que redactar un plan que considere, de manera exhaustiva
y sin prejuicios, los ingredientes del éxito —gente, oportunidad,
contexto y riesgo/recompensa—, resulta de vital importancia.
Y si no tenemos la bola de cristal, es indispensable formular
un plan a partir de la información y del análisis adecuados.
Bibliografía
Fertonani,
Alberto R. "Resolviendo vicios y errores en el manejo
del personal", Ed. UNC 1999.
Fertonani,
Alberto R. "Evaluación de funciones y negociación
de puestos de trabajo", Ed. UNC 2000.
Fertonani,
Alberto R. "Costos para microempresarios", Ed.
UNC 2001.
Fertonani,
Alberto R. "Gerenciamiento de entidades depostivas,
Ed. UNC 2002.
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